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DEL USO LEGAL DE CONDECORACIONES EXTRANJERAS CONCEDIDAS A CIUDADANOS ESPAÑOLES

DEL USO LEGAL DE CONDECORACIONES EXTRANJERAS CONCEDIDAS A CIUDADANOS ESPAÑOLES

 

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Desde tiempos ya remotos, la Corona de España -el Estado- han querido regular convenientemente el uso de condecoraciones extranjeras por parte de los ciudadanos españoles. Es una larga tradición legal que arranca de la pragmática del Rey Don Felipe III promulgada en Madrid en 1609, que castigaba con pena de seis años de destierro y 500 ducados de multa a los naturales y residentes en estos Reinos que usasen públicamente de insignia o hábito de una Orden concedida por príncipe extranjero -está inserta en la Nueva Recopilación, ley 10 del título 6 del libro 1º; y en la Novísima Recopilación, ley X del libro VI-. Además, los reales decretos de 6 de enero de 1815, 12 de mayo y 5 de agosto de 1818, 4 de febrero y 7 de noviembre de 1824. Posteriormente se dictó el real decreto de 5 de junio de 1916, en vigor hasta 2014, y en su consecuencia las órdenes circulares 572 (5 de julio de 1916), 642 (22 de septiembre de 1919), 650 (16 de diciembre de 1919), 2474 (25 de mayo de 1955), 2675 (29 de marzo de 1965), 2756 (8 de febrero de 1971) y 3199 (28 de octubre de 1994).

La reciente Orden Circular 4/2014, de 28 de noviembre de 2014, promulgada por el Ministerio de Asuntos Exteriores y de Cooperación, y circulada por su Subsecretaría a todas las Representaciones Diplomáticas de España en el extranjero y a los órganos centrales del Departamento, que contiene las Instrucciones sobre el uso de condecoraciones extranjeras por ciudadanos españoles, es en la actualidad la norma que rige en esta particular materia.

En el preámbulo de esta norma se reitera que sólo son susceptibles de uso oficial en España, previa autorización del Ministerio de Asuntos Exteriores y de Cooperación (asentimiento nacional), aquellas Órdenes y condecoraciones que hayan sido conferidas por los Estados, de acuerdo con el concepto que a este respecto defiende el Derecho Internacional Público. Pero seguidamente se añade que además, y con el fin de atajar la aparición o subsistencia de presuntas Órdenes o pseudo-Órdenes que presentan denominaciones equívocas y son de dudosa legalidad, parece aconsejable que dicha autorización pueda extenderse puntualmente al uso de las insignias de las Órdenes históricas extranjeras que, como la Soberana y Militar Orden de San Juan de Jerusalén o de Malta, la Orden del Santo Sepulcro de Jerusalén o la Sagrada y Militar Orden Constantiniana de San Jorge, fueron tuteladas por la Corona de España o se hallan estrechamente vinculadas a su historia. Como también aquellas distinciones otorgadas a españoles por los Organismos Internacionales más calificados (ONU, OTAN, UE, etcétera), con los que España, siendo Estado miembro de los mismos, participa de una manera activa en sus acciones internacionales.

En consecuencia, el articulado de la norma mantiene la tradicional y ya antigua prohibición, a todos los ciudadanos españoles, de aceptar y de usar condecoraciones extranjeras sin la preceptiva autorización del Gobierno de la Nación (artículo 1). Dicha autorización puede obtenerse, bien directamente por la vía diplomática -cuando sea solicitada por el Gobierno extranjero concedente-, o a instancia del interesado, mediante instancia documentada dirigida al Ministerio de Asuntos Exteriores y de Cooperación (artículo 2). La autorización de uso se limita a las recompensas civiles y militares concedidas por Estados con los que España mantiene relaciones diplomáticas; aunque también se extiende puntualmente al uso de las insignias de aquellas Órdenes extranjeras que mantienen una relación multisecular con España, bien porque fueron tuteladas por la Corona, bien por su implantación histórica en nuestro país (artículo 3). También se autoriza el uso de recompensas civiles y militares que sean otorgadas por Organismos Internacionales a los que España pertenezca como Estado Miembro, previa concesión del asentimiento nacional previsto en la presente Orden (artículo 4). El otorgamiento del asentimiento nacional exigirá la presentación inexcusable de la cédula o diploma de la concesión -o copia fehaciente de la misma-, acompañada de su traducción jurada (artículo 5). Todas las peticiones serán atendidas y resueltas por el Ministerio de Asuntos Exteriores y de Cooperación, previo informe en su caso del órgano de la Administración Pública del que dependa el interesado (artículo 6). Por último, se dispensa del trámite cuando la remisión de la condecoración extranjera se haga a través del Ministerio de Asuntos Exteriores y de Cooperación, facultando tácitamente al condecorado para su aceptación y uso (artículo 7).

En resumen, y como aviso de navegantes: los ciudadanos españoles no pueden aceptar ni usar oficialmente ninguna condecoración extranjera -sea estatal, sea caballeresca e históricamente vinculada a España, o sea de Organismos Internacionales-, sin que medie la preceptiva autorización o asentimiento nacional del Gobierno de la Nación, que se tramita por el Ministerio de Asuntos Exteriores y de Cooperación.

Dr. Vizconde de Ayala

Cuadernos de Ayala 61

Cuadernos de Ayala 61

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Para amenizar este verano, la lectura de los últimos números de nuestra revista. El sumario del número 61 es este que sigue:

Editorial: De Miguel de Cervantes, de Teresa de Jesús, y del bicentenario de la Real Orden de Isabel la Católica
[3-4] Novedades, cursos y encuentros
[5-7] En los orígenes de la Real y Militar Orden de San Hermenegildo: el general Gaetanop Pastore y la Brigada Siciliana (1812-1814), por el Dr. Marqués de la Floresta y el Dr. Conde de Giraldeli
[8] ¿Por qué buscar los restos de Cervantes?, por D. Fernando de Prado y Pardo-Manuel de Villena
[9-17] Jehan Lhermite, un peón del Duque de Lerma en la Cámara de Felipe II, por el Dr. D. Juan Cartaya Baños
[18-22] La Real y Americana Orden de Isabel la Católica en su bicentenario, por el Dr. Marqués de la Floresta
[23-24] Las armerías del Solar de Valdeosera en un ex-libris dieciochesco de monseñor Mayoral, arzobispo de Valencia, por el Dr. Marqués de la Floresta
[25-26] Revista de libros
[27] Revista de revistas
[28-30] De gentes de bien
[32] Versos de historia y tiempo: Marqués de Lozoya: Soneto. Humor: heráldica bufa alemana del siglo XVI.

Crónica romana de la Orden Constantiniana

Crónica romana de la Orden Constantiniana

Por el Dott. Aldo della Quaglia

   Como es conocido del público, poco antes del pasado verano, S.A.R. el Príncipe Don Carlo María de Borbón de las Dos Sicilias, Duque de Castro y Jefe de la Real Casa de Borbón de las Dos Sicilias, como Gran Maestre de la Sacra y Militar Orden Constantiniana de San Jorge (Sacro Militare Ordine Costantiniano di San Giorgio), ha renovado completamente el gobierno de la Orden, designando Gran Prefecto al S.E. el Embajador Don Augusto Ruffo di Calabria, de los Príncipes de Scilla, bailío gran cruz de justicia; Gran Inquisidor a S.E. Don Fabrizio Colonna, de los Príncipes de Paliano, gran cruz de justicia; Gran Canciller a S.A.R. la Princesa doña Beatrice di Borbone delle Due Sicilie, dama gran cruz de justicia; y Gran tesorero a S.E. Claudio Montini, notario, gran cruz de mérito. Y confirmando como Gran Prior a Su Eminencia Reverendísima el Cardenal Renato Raffaele Martino, bailío gran cruz de justicia condecorado con el collar.

Con motivo de esta importante renovación, el Gran Maestre ha convocado en Roma, en los días 12 al 14 de septiembre, un encuento intercolegial, al que han concurrido noventa personas, entre las que se cuentan los oficiales de la Real Casa y miembros de la Real Deputazione y de otros órganos corporativos y de las demás Órdenes Reales de la Casa, a más de los delegados y vicedelegados territoriales constantinianos. Por parte española acudieron el delegado, Excmo. Señor D. Bruno Gómez-Acebo y de Borbón, primo hermano de S.M. el Rey Don Felipe VI, y el antiguo delegado Excmo. Señor Vizconde de Ayala y Marqués de la Floresta, Duque de Ostuni en Nápoles -ambos son caballeros gran cruz de justicia de la Orden-.

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El encuentro se inició con una espléndida cena ofrecida el viernes 12 a todos los convocados por SS.AA.RR. en el prestigioso y elegantísimo Circolo della Caccia.
A primera hora de la mañana del sábado 13 de septiembre dieron comienzo los trabajos corporativos en los salones del acuartelamiento Pío IX -que data de los lejanos días días del Papa-Rey-, en el Castro Pretorio. Allí tuvo lugar el inicio de la reunión, con la invocación al Espíritu Santo por parte del Cardenal Martino.

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S.A.R. abrió la sesión con un medido discurso en el que expresó de entrada que el acuerdo firmado con sus primos españoles es privado y familiar, y no afecta en modo alguno a la Jefatura de la Real Casa de las Dos Sicilias, ni al Gran Magisterio Constantiniano, dignidades ambas que actualmente corresponden a Su Persona. Seguidamente, presentó a cada uno de los cuatro nuevos grandes oficiales de la Orden, y puso de manifiesto los cambios que se propone acometer para el mejor funcionamiento de la Orden: su preferente dedicación asistencial, mediante la campaña El hambre de nuestro vecino (La fame del nostro vicino); y la mejora y centralización de las comunicaciones de la Orden (mediante su página web, la publicación anual de las Cronache Costantiniane, y la difusión periódica del Newsletter).

Seguidamente fueron tomando sucesivamente la palabra los dichos cuatro grandes oficiales. El príncipe Ruffo di Calabria, gran prefecto, explicó las nuevas orientaciones asistenciales de la Orden Constantiniana, y sus propósitos para organizar capítulos en Nápoles y en Asís, a más de un encuentro intercolegial como este, cada año. S.A.R. la Princesa Beatrice, gran canciller, se refirió al servicio que han de prestar los delegados, al perfil de los candidatos al ingreso en la Orden, y a la campaña asistencial antes aludida. El príncipe Colonna, gran inquisidor, habló de los principios y valores que caracterizan a la Orden Constantiniana (cristiandad, militancia católica, defensa de la Fe, deberes asistenciales) y de la necesaria ejemplaridad de todos los caballeros. Por último, el notario Montini, gran tesorero, explicó que la sede romana de la Cancillería se trasladará a unos locales mayores y más adecuados; que las delegaciones habrán de constituirse en asociaciones legales, y dotarse de una cuenta bancaria; que las cuentas y presupuestos de ingresos y gastos serán anuales, y tanto preventivos como finales; y que en adelante la obligatoridad del abono regular de las cuotas anuales será estricta, por entenderse que si no se abonan no se participa realmente en las tareas de la Orden, y por ende puede reconsiderarse la permanencia del caballero o dama.

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En sucesivas intervenciones cruzadas, los grandes oficiales explicaron por menor las nuevas pautas de funcionamiento corporativo.

Seguidamente, fueron tomando la palabra los delegados territoriales de la Orden Constantiniana, explicando sus actividades y sus impresiones respecto de las propuestas que se habían planteado, y proponiendo en su caso nuevas iniciativas. El debate fue largo, intenso y enriquecedor, siendo moderado con acierto y precisión tanto por S.A.R. como por el Gran Prefecto. Recordemos, entre las intervenciones más brillantes y oportunas, la del príncipe Rúspoli y la de Anthony Bailey, delegado del Reino Unido e Irlanda.

Concluidos los trabajos a media tarde, S.A.R. el Duque de Castro procedió a cerrar la sesión, rezando de nuevo los presentes una oración dirigida por Su Eminencia el Gran Prior, Cardenal Martino.

 

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Seguidamente, SS.AA.RR. y demás asistentes se trasladaron al Palacio Colonna, donde visitaron la espléndida pinacoteca y los no menos espléndidos salones -dignos de un palacio real-, participando allí mismo en una memorable cena.

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En la mañana del domingo 14 de septiembre, en la Basílica dei Santi Apostoli, se celebró un solemne capítulo: misa solemne, en latín y cantada, presidida por Su Eminencia el Gran Prior, Cardenal Martino. A ella asistieron SS.AA.RR. Carlo Maria y Camilla, Duques de Castro, con sus hijas las bellísimas y simpáticas Princesitas María Carolina y María Chiara, y dos centenares de caballeros y damas, todos revestidos de los mantellos ceremoniales e insignias. Tras la misa mayor, y ya disuelto el capítulo, SS.AA.RR. saludaron y departieron con los asistentes en uno de los claustros de la basílica, fotografiándose con ellos. Así concluyó este importante encuentro romano de la Sacra y Militar Orden Constantinana, del que tantos buenos frutos cabe esperar. Laus Deo.

ÚLTIMAS CONDECORACIONES OTORGADAS POR EL ZAR NICOLÁS II DE RUSIA A ESPAÑOLES

ÚLTIMAS CONDECORACIONES OTORGADAS POR EL ZAR NICOLÁS II DE RUSIA A ESPAÑOLES

dedicado a su buen amigo el Embajador Yuri P. Korchagin
por el Prof. Dr. D. Alfonso de Ceballos-Escalera y Gila, Vizconde de Ayala

    A pesar de que las relaciones diplomáticas hispano-rusas datan de mediados del siglo XVII, y de que pasaron a lo largo de los siglos por momentos de notable intensidad -por ejemplo, cuando el Zar Pedro el Grande envió a varios jóvenes nobles a estudiar en Cádiz, en la Real Compañía de Guardias Marinas, allá por el 1719-, la concesión de cruces de las Órdenes Imperiales rusas a ciudadanos españoles solo fue habitual a partir de la alianza hispano-rusa de 1812 contra Napoleón, generalizándose más a partir de la posguerra, y a lo largo del siglo XIX. Los ciudadanos españoles que recibieron condecoraciones rusas fueron numerosos en ese periodo histórico, hasta que la revolución comunista de 1917 dio al traste con la monarquía zarista. Las relaciones diplomáticas hispano-rusas solamente volvieron sostenerse durante el breve periodo de 1933-1939 (sobre todo desde 1936, al estallar la guerra civil española), y ya continuamente a partir del restablecimiento pleno en 1977.

Budberg

     A media mañana del martes 7 de marzo de 1916 fallecía en Madrid, a causa de una pulmonía que lo acabó en cinco días, el que desde 1909 era embajador extraordinario y plenipotenciario de Su Majestad Imperial el Zar Nicolás II, Emperador y Autócrata de todas las Rusias, excelentísimo señor Fyodor Andréyevich Budberg (o Fedor Pavel Andrei Andreyevich von Budberg, llamado en España Barón Teodoro de Budberg). Descendiente de la ilustre y antigua familia de los Budberg de Boeninghausen (Westfalia), radicados en la Curlandia rusa desde la Edad Media, el diplomático, nacido en 1851, había sido antes consejero imperial y embajador en Estocolmo. Era soltero y no tenía parientes cercanos en España.

      Inmediatamente de anunciarse el fallecimiento, acudieron a la sede diplomática un representante del Rey Don Alfonso XIII, el presidente del Consejo de Ministros Conde de Romanones, y el Cuerpo Diplomático acreditado en Madrid, en pleno. Además, el ministro de la Guerra envió inmediatamente al palacio de la Embajada de Rusia, un destacamento de oficiales y soldados del Regimiento de Lanceros de Farnesio -del que el Zar Nicolás II era coronel honorario desde 1908-, para que por velasen el cadáver y diesen guardia de honor a la enlutada Embajada. Y es que era habitual en la corte española que cuando en ella fallecía un embajador residente, el entierro y funerales tuviesen carácter de duelo oficial, hasta el punto de que la Gaceta de Madrid publicó el 9 de marzo un real decreto disponiendo que al cadáver se le rindiesen los honores fúnebres que la Ordenanza señala para el capitán general del Ejército que muere en Plaza con mando en Jefe.

Farnesio Nicolás II

      Y así, a primera hora de la tarde del viernes 10 de marzo, a pesar de la intensa lluvia que cayó en Madrid, los restos del embajador Barón de Budberg fueron llevados a enterrar con tales honores, es decir con una comitiva militar formada por un piquete de la Guardia Civil, cuatro piezas del 5º regimiento Montado de Artillería, un batallón del Regimiento Inmemorial, el armón de artillería con el féretro (cuyas ocho cintas llevaron los presidentes del Senado y del Congreso, el jefe superior de Palacio, el subsecretario de Estado, el capitán general del Ejército más antiguo y el único de la Armada, y el embajador y el ministro plenipotenciario más antiguos), un zaguanete de Reales Guardias Alabarderos, una sección del Escuadrón de la Escolta Real, el capitán general de Madrid, y cerrando una sección del Lanceros de Farnesio. Las demás tropas de la guarnición cubrieron toda la carrera, con uniforme de gala. Presidió el duelo S.A.R. el Infante Don Carlos de Borbón, en representación del Rey, con el encargado de negocios ruso, el primer secretario señor Georges Solovieff(1) y el cónsul general ruso en Barcelona príncipe Gagarin, a quienes seguían el presidente del Consejo de Ministros y los ministros de Guerra y de Hacienda, los jefes superiores de Palacio, y los embajadores de Francia, Inglaterra y Estados Unidos, con otros muchos representantes diplomáticos, la Diputación Provincial y el Ayuntamiento de Madrid, la colonia rusa y varias comisiones del Ejército, Armada, Tribunal de las Órdenes, las cuatro Órdenes Militares, Tribunal de Cuentas, Consejo Supremo de Guerra y Marina, Tribunal Supremo, Consejo de Estado, Ministerio de Estado, Senado y Congreso, etcétera. Desde el palacio de la Embajada, sita en el paseo de la Castellana 34, descendió la comitiva fúnebre por el paseo de Recoletos hasta llegar por el Prado a la plaza de Moyano, donde se le rindieron al cadáver los últimos honores. Despedido ya el duelo ante el Real Jardín Botánico, tras los disparos de las salvas y el desfile de las tropas, el féretro sobre el armón y la escolta militar continuaron hasta el Cementerio Británico, donde se dio cristiana sepultura a los restos del infortunado embajador Barón de Budberg(2).

      Agradecido el Zar por esas muestras de respeto y cortesía a su difunto embajador -muestras en realidad hechas al Imperio ruso, al que el embajador representaba en España-, tuvo a bien dignarse a conceder varias condecoraciones imperiales -19 cruces y 34 medallas- a varios jefes, oficiales y clases de tropa del Regimientos de Infantería del Rey nº 1, el Inmemorial; de los Regimientos de Lanceros de Farnesio, 5º de Caballería -del que el Zar era coronel honorario desde 1908-, y de Húsares de la Princesa, 19º de Caballería; del 5º Regimiento Montado de Artillería, y del 2º Regimiento de Zapadores Minadores. Esos fueron los Cuerpos armados que rindieron esos honores, tanto en la Embajada haciendo guardia al cadáver (los Lanceros de Farnesio), como haciendo las salvas, cubriendo la carrera y acompañándolo hasta el cementerio (los demás).

      Los 53 agraciados por esta muestra del aprecio imperial fueron los jefes, oficiales sargentos, cabos y soldados que siguen:

Santa Ana encomienda

– Con la encomienda de la Orden Imperial de Santa Ana, D. José Roselló Aloy, teniente coronel del Inmemorial; y D. Miguel Feijoo Pardiñas, coronel de Húsares de la Princesa.

Santa Ana cruz

– Con la cruz de caballero de la Orden Imperial de Santa Ana, D. José Escribano Aguado, capitán del Regimiento Inmemorial del Rey; D. Antonio Sarraiz Valcarce, capitán de Húsares de la Princesa; D. Genaro Ribot Pou, capitán de Lanceros de Farnesio; D. José López García, capitán del 5º Montado de Artillería; y D. Antonio Fernández Albalat, capitán del 2º de Zapadores Minadores.

San estanislao encomienda

– Con la encomienda de la Orden Imperial de San Estanislao, D. Francisco Mª de Borbón, comandante del Inmemorial; D. Antonio Santa Cruz Lamayor, teniente coronel de Húsares de la Princesa; y D. Javier de Mencos y Ezpeleta, comandante de Lanceros de Farnesio.

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– Con la cruz de caballero de la Orden Imperial de San Estanislao, D. Miguel Fernández de la Puente y D. Manuel Barrera González, tenientes del Inmemorial; D. Jaime de Alós Rivero, teniente de Húsares de la Princesa; D. José Marchesi Butler y D. Joaquín Asenjo Espinosa, tenientes de Lanceros de Farnesio; D. Jaime Altarriba y Porcel, Barón de Sangarrén, y D. Jaime Ferrer Asín, tenientes del 5º Montado de Artillería; y D. Antonio Bustos Ansart, teniente del 2º de Zapadores Minadores.

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– Con la medalla al cuello, D. Belisario Calles Pachón, sargento de Lanceros de Farnesio; y D. Adolfo Olaya, sargento del 5º Montado de Artillería (que fue el que condujo el armón con el féretro).

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– Con la medalla al pecho, D. Francisco Lucas Hernández, D. Camilo Cuadrado Domínguez, D. Ignacio Toral García y D. Ramón Prieto Santiago, cabos de Lanceros de Farnesio; D. Sergio Herrero Inés y D. Arsenio Santos Sáez, trompetas del mismo Regimiento; D. Eugenio Llanos Castañón, herrador del mismo Regimiento; D. Avelino Osorio Fernández, D. Joaquín Fernández Rodríguez, D. Florentino Manzano Matilla, D. Sabino García Gago, D. Luis Gordón Ramírez, D. Pantaleón González Magro, D. Santos Rodríguez Macías, D. Bartolomé Bermejo Gómez, D. Adolfo García García, D. Francisco Fernández González, D. Félix Rodríguez Asensio, D. Alejandro Rascón Marcos, D. Sixto Ortega Monge, D. Nicasio Álvarez Menéndez, D. Simón Campa Fernández, D. Victorio Palmero Gutiérrez, D. Justo García Sanz, D. José Fernández Fernández, D. Rufino Cano Redondo, D. Mariano Arranz Barbolla, D. Paulino Gómez Juárez y D. Esteban Pérez Salvador, soldados de Lanceros de Farnesio; y D. Antonio Rodríguez, D. Eduardo Martínez y D. Emilio Gómez, soldados del 5º Montado de Artillería (estos últimos fueron los que acompañaron el armón con el féretro).

      Recibidos los diplomas en Madrid, y enviados el 28 de octubre de 1916 al Ministerio de la Guerra, por este organismo se autorizó a los agraciados a lucir las respectivas insignias sobre su uniforme militar, con fecha del 4 de noviembre del mismo año, y se les remitieron sus diplomas(3).

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      Si bien las cruces de las Órdenes Imperiales de San Estanislao y de Santa Ana -con espadas, como dadas a personal militar- no plantean ningún problema de identificación, cosa distinta son las que en la documentación consultada se denominan simplemente medalla al cuello o medalla al pecho. Para aclarar cuáles serían esas medallas al cuello y medallas al pecho, diremos que el artículo 676 del Código del Imperio Ruso, establece las medallas Za userdie o Al celo, de oro y plata, con la efigie del Zar reinante en el anverso y el nombre de la medalla en el reverso, que se otorgaban por el largo servicio continuado, en doce clases nada menos. Esas doce clases eran, de menor a mayor, las siguientes: medalla de plata al pecho con cinta de la Orden de San Estanislao; medalla de plata al pecho con cinta de la Orden de Santa Ana; medalla de oro al pecho con cinta de San Estanislao; medalla de oro al pecho con cinta de Santa Ana; medalla de plata al cuello con cinta de San Estanislao; medalla de plata al cuello con cinta de Santa Ana; medalla de plata al cuello con cinta de la Orden de San Vladimiro; medalla de plata al cuello con cinta de la Orden de San Alejandro Nevski; medalla de oro al cuello con cinta de San Estanislao; medalla de oro al cuello con cinta de Santa Ana; medalla de oro al cuello con cinta de San Vladimiro; medalla de oro al cuello con cinta de San Alejandro Nevski; y por fin la rarísima medalla de oro al cuello con cinta de la suprema Orden de San Andrés(4).

      Con estos antecedentes, todo parece indicar que a los soldados españoles se les concedería en 1916 el honor de lucir medallas Za userdie o Al celo, al pecho o al cuello según sus graduaciones, seguramente todas de plata y todas con la cinta de la Orden Imperial de San Estanislao. Tal y como constan representadas más arriba.

      Posiblemente a estas gracias imperiales otorgadas a militares españoles, acompañarían otras similares conferidas a personas de la corte alfonsinas y del Cuerpo Diplomático, que hubiesen contribuido a los dichos funerales y honores póstumos al embajador ruso; pero si se dieron, de momento no las conocemos.

      Creo que las que se han enumerado habrían sido, pues, las últimas condecoraciones imperiales rusas concedidas a ciudadanos españoles. Porque cuatro meses después, en febrero de 1917, la revolución rusa dio comienzo, y ante la presión del Gobierno Provisional de Kerensky, el Zar Nicolás II abdicó la corona imperial el 2 de marzo. Lo que vino después ya es de la Historia -triste y terrible Historia-.

N O T A S

1) También formaban parte de la legación el segundo secretario Barón Conrad de Meyendorff, el agregado militar capitán Souratoff, y el agregado naval señor Wladimir Dimitriew.

2) Los detalles del fallecimiento, velatorio y entierro del embajador, en la Gaceta de Madrid del 9 de marzo, página 554; y en el diario ABC, de los días 8 y 11 de marzo.

3) Todo lo que antecede consta documentado en el Archivo General Militar de Segovia, 2ª sección, 12ª división, legajo 142.

4) Agradezco a mi buen amigo el conde Stanislaw Dumin, hoy el primer heraldista y genealogista de Rusia, su inapreciable ayuda para llegar a saber estas curiosidades del complejo sistema premial ruso de aquella época.