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Toisón de Oro y Virgen de Atocha

Toisón de Oro y Virgen de Atocha

ANTECEDENTES

Es una antigua costumbre española la de condecorar las más veneradas imágenes de Nuestra Señora, o más bien la de hacer donación de cruces y medallas por parte de los particulares devotos. Cruces, medallas e insignias que lucen sobre las vestiduras y los mantos de la Virgen, o bien adornan sus camarines. En este contexto de devoción suma se comprende también la no menos añeja costumbre de hacer de Nuestra Señora la natural generala de las tropas españolas, sobre todo en situaciones de graves compromisos nacionales: fue lo que ocurrió en la sitiada Zaragoza de 1808 y 1809, cuando la Virgen del Pilar fue reconocida como capitán general de los Reales Ejércitos(1), y de ahí la conocida jota aragonesa:

La Virgen del Pilar dice

que no quiere ser francesa

que quiere ser capitana

de la tropa aragonesa

Siete privilegios indumentarios por juro de heredad in Emblemata

Siete privilegios indumentarios por juro de heredad in Emblemata

Un acucioso recorrido por un aspecto desconocido del sistema general de honores y mercedes de la Monarquía castellana bajomedieval y de la Monarquía Universal española moderna: la concesión de privilegios hereditarios de contenido indumentario, cual los trajes o las joyas del Rey, o los vestidos de la Reina. Una práctica que, materializada en siete casos conocidos, y por cierto señeros, que arrancan desde 1439 y concluyen en 1800, es estudiada por el autor a través de los documentos oficiales y literarios, y de los monumentos iconográficos, para ofrecer al fin algunas conclusiones acerca de la extraordinaria importancia de esta infrecuente clase de premios en el contexto de la sociedad y de las mentalidades nobiliarias de lo que se ha dado en llamar la civilización del paño.

Señores de Santa Cruz, Castillejo y Torres de Reinoso

Señores de Santa Cruz, Castillejo y Torres de Reinoso

Nos proponemos en las líneas que siguen estudiar una historia menor pero de cierto interés local: la de tres posesiones señoriales relacionadas con Palencia, los llamados Señoríos de Santa Cruz, del Castillejo y de las Torres de Reinoso, que de manos de los Perea vallisoletanos y los Villandrando palentinos, a través de sucesivos enlaces  matrimoniales, fueron pasando a los Herrera vallisoletanos, a los olmedanos Osorio de Acuña y Orozco, y por fin -hacia 1620- a los segovianos Marqueses de Lozoya, a los que pertenecieron durante dos siglos y medio, hasta su enajenación -tras de la abolición de las leyes sobre mayorazgos-, ya muy mediado el siglo XIX. Nos valdremos para ello de los documentos atinentes a estos bienes y familias, principalmente de los obrantes en el archivo familiar de la Marquesa de Lozoya(1); en el Archivo General del Ministerio de Justicia(2); en el Archivo Histórico Provincial de Segovia(3); y en la Real Academia de la Historia(4).

Rey y República

Rey y República

Rey y República: Los Valores de la Monarquía

No puede ignorarse el hecho fundamental del papel histórico de la Corona a lo largo de los siglos:

el de hacer visible y representar la constitución histórica de España. La Monarquía es una institución de hondas raíces históricas que preexiste a la Constitución de 1978: por eso le son también de aplicación sus propias normas históricas -a veces fundadas en usos y costumbres muy aceptadas-. La Corona es una institución meta jurídica, y por ello su realidad política y su influencia social exceden al papel que le señala la Constitución de 1978.

Reales Minas de Pizarra de Segovia

Reales Minas de Pizarra de Segovia

A partir de la segunda mitad del siglo XV, una legión de arquitectos, artistas y artesanos flamencos pasó por todas las ciudades españolas, dejando su huella en las catedrales, iglesias, palacios y casonas, modernizando el estilo gótico entonces imperante, en todos sus aspectos. El arte español fue de tal manera influido por el flamenco, que los tratadistas nos hablan de un arte hispano-flamenco, que alcanzó su apogeo ya durante el reinado de los Reyes Católicos, y que tendría una segunda etapa a partir del 1520.

De entre las muchas influencias que del arte y del estilo flamenco arraigaron en la España de los siglos XV y XVI, queremos tratar ahora de una de las más desconocidas, cual es la de empizarrar las cubiertas de los edificios más importantes, en particular los palacios y las iglesias. Una influencia que, como tantas otras, llegó a España por los años de 1559-1560, de la mano de sus Reyes, en este caso Don Felipe II, quien la convertiría en emblema de la arquitectura de la dinastía austríaca en España(1)

Real Junta de Nobles Linajes de Segovia

Real Junta de Nobles Linajes de Segovia

Bucear en la historia, sumergirse en sus inciertas profundidades, descubrir, al fin, aquellos acontecimientos que ocultos bajo el légamo de los años se hurtaban a nuestro conocimiento, es una tarea verdaderamente apasionante que, en ocasiones, nos proporciona joyas como la que el lector tiene ahora entre sus manos.

Su autor, el Doctor D. Alfonso de Ceballos-Escalera Gila, desde el rigor y la profesionalidad que ha caracterizado siempre su trabajo, nos adentra en la historia urbana de Castilla y León, a través de una institución, los Nobles Linajes, que nacida en los inciertos tiempos de la reconquista, ha perdurado por más de 500 años.

Esta institución político-administrativa, representativa del estamento nobiliario de las ciudades, fue una de las piedras angulares en la organización y desarrollo del poder municipal durante siglos, configurando un modelo propio y específico de gobierno de los núcleos urbanos de la denominada Extremadura de Castilla y León.

Prescripción en el Derecho Nobiliario español

Prescripción en el Derecho Nobiliario español

Excmo. Señor,

Señoras y Señores:

Desde hace ya algunos años, la Jurisprudencia emanada del Tribunal Supremo en materia de Derecho Nobiliario parece haber emprendido un camino cuando menos discutible y discutido -particularmente en cuanto a la usucapión de las mercedes nobiliarias, y en cuanto a la constitucionalidad de los llamamientos sucesorios-, lo que ha provocado una notable inquietud, no sólo entre las familias que forman ese reducido ámbito social que es la Nobleza española, sino incluso entre el gran público, alarmado por la prensa. Tampoco la legislación producida por el Ministerio de Justicia desde 1980 parece jurídicamente muy elaborada, pues adolece de notables defectos. No parece inoportuno, por todo ello, dar a conocer esta especialidad jurídica, contribuyendo así a precisar conceptos y, si fuera posible, a deshacer errores.

En este contexto se inscribe esta conferencia, limitada

Pedro Pérez de Guzmán marino heroico

Pedro Pérez de Guzmán marino heroico

En el actual sistema premial militar español, dejando aparte las dos grandes y únicas Órdenes, que son las de San Fernando (premio al valor heroico en combate) y de San Hermenegildo (premio a la constancia militar), existen la Medalla Militar individual y colectiva, la Cruz de Guerra, las Medallas del Ejército, Naval y Aérea, las cruces del Mérito Militar, Naval y Aeronáutico (de centenaria historia),según su jerarquía premial, a más de algunas otras condecoraciones de campaña y de menor rango.

La Medalla Militar, creada en 1918 en sustitución desacertada de las cruces de primera y de tercera clase de la Real Y Militar Orden de San Fernando, aunque reunida a ella a partir de 2001, actualmente se destina a recompensar el valor muy distinguidovirtud que, sin llegar a tener la consideración de valor heroico, sobresale muy significativamente del valor exigible a cualquier militar en el desarrollo de operaciones armadas, llevando a acometer acciones, hechos o servicios militares, individuales o colectivos, de carácter extraordinario que impliquen notables cambios favorables y ventajas tácticas para las fuerzas propias o para la misión encomendada. Este premio militar se rige por el reglamento de la Real y Militar Orden de San Fernando  promulgado en 2001.

Ordre de Charles III

Ordre de Charles III

L’Ordre Royal, Distingué et Espagnol de Charles III (Real y Distinguida Orden Española de Carlos Tercero) fût établi par le dit monarque en 19 septembre 1771. Il s’agit du premier ordre national espagnol et il jouit d’ une histoire longue et estimable.

Órdenes nobilitantes en España

Órdenes nobilitantes en España

Durante el Antiguo Régimen (siglos XVI-XIX), que en gran medida heredó instituciones premiales nacidas durante la Baja Edad Media, todo título, honor y preeminencia -todo premio, en fin- tuvo como única fons honorum, tanto en la realidad como en la legalidad, a la Corona. Y, en su inmensa mayoría, dichos honores premiales estaban dirigidos a la élite directora de aquella sociedad estamental, es decir a la Nobleza.

Es sabido que, a consecuencia de los avatares del tránsito entre las antiguas Órdenes de Caballería de origen medieval -cuya pertenencia estaba reservada a la Nobleza-, y las nuevas Órdenes de Estado nacidas al socaire de la revolución francesa -a las que se accede exclusivamente por el mérito y los servicios personales-, son muchas las Órdenes que han incluido en sus estatutos y ordenanzas una concesión de nobleza expresa o un reconocimiento de nobleza genérico. Recordemos, entre las que siguen siendo de Estado, las Órdenes pontificias de la Espuela de Oro y de Pío IX, aunque ya no son nobilitantes; y, entre las que ya no son de Estado hoy en día, algunas Órdenes rusas (San Andrés, San Alejandro Nevski, San Wladimiro, Santa Ana), o la Orden portuguesa de Nuestra Señora de Vila Viçosa(1). Pero no son las únicas, pues el carácter de nobilitante se repitió en otras.

Es también el caso de algunas Órdenes del Reino de España, unas nacidas durante el Medievo -la Insigne Orden del Toisón de Oro-; otras durante el Antiguo Régimen -la Real y Distinguida Orden de Carlos III-; y otras creadas en los albores del liberalismo y del sistema constitucional -como las Reales y Militares Órdenes de San Fernando y de San Hermenegildo, o la Real y Americana Orden de Isabel la Católica-. Creo que es oportuno tratar de ellas, y de sus respectivas circunstancias nobilitantes, a cuyo efecto me he propuesto ofrecer ahora algunas consideraciones y comentarios, sin más ánimo que el de ilustrar a los interesados en una materia que ofrece algunos puntos oscuros, y otros delicados.

Orden de Isabel la Católica artículo VII y nobleza

Orden de Isabel la Católica artículo VII y nobleza

No todas las Órdenes que merecen este nombre tienen un origen similar. Las motivaciones para instituirlas no fueron siempre las mismas, sino que variaron con los tiempos. Podríamos dividir idealmente estas instituciones en tres clases. En primer lugar, cronológicamente, se situarían las grandes Órdenes Militares (el Temple, San Juan, Santiago, Calatrava, Alcántara, Montesa y otras), de carácter religioso-militar muy marcado; sus caballeros eran freires guerreros, y la observancia de sus reglas, especialmente en lo religioso, muy estrictas. Tuvieron, además, inmensos patrimonios ganados con su sangre. Dos o tres siglos más tarde, a lo largo del XIV y el XV, surgen otras Ordenes, también militares, aunque mucho menos religiosas. Proliferan por toda Europa, con el auge de los ideales caballerescos, cuyas reglas eran estrictas y suelen ser fundadas por reyes, príncipes y altos potentados (así, el Toisón de Oro de Borgoña, la Jarra de Aragón, la Escama de Castilla, la Espada de Chipre, la Jarretera de Inglaterra, y otras muchas). Su duración fue casi siempre efímera, y no solían sobrevivir mucho a su fundador.

Finalmente, ya en el siglo XVIII, aparecen las que se han venido denominando Órdenes Reales. Surgieron de la necesidad que tuvieron muchos Estados (sobre todo alemanes), sin tradición en este sentido, de crear distinciones honoríficas para sus súbditos. En otros casos, la necesidad consistía en premiar a ciudadanos que, por sus orígenes no nobles, o el ejercicio de profesiones consideradas poco honrosas, tenían vedado el acceso a las Órdenes Militares tradicionales. Este fue sin duda el caso de las Reales Órdenes de Carlos III, Isabel la Católica, San Fernando y San Hermenegildo, en España.

Olegario de los Cuetos

Olegario de los Cuetos

En el origen de las turbulencias que dieron al traste con el Antiguo Régimen en España se hallaron numerosas personas iluminadas por la fe en los principios revolucionarios; y es de notar que muchos de aquellos primeros liberales pertenecían a la Real Armada: sin duda porque se trataba de una Corporación que destacaba por su preparación intelectual y cultural en la inculta y atrasada España de los inicios del siglo XIX. Fueron, pues, muchos los marinos que desde el mismo inicio de los cambios abrazaron la causa constitucional: recordemos a los marinos ilustrados que, como Malaspina, sufrieron persecución en las postrimerías de la Monarquía absoluta; a los que, como Mazarredo, se unieron de buena fe al Intruso en 1808; y a los que, como los regentes don Cayetano Valdés y don Gabriel Císcar, figuraron en el Cádiz de las famosas Cortes entre 1810 y 1814, y pocos años después fueron de nuevo regentes durante el Trienio constitucional en 1820-1823.

Uno de aquellos marinos liberales, y no de los más tibios, fue don Olegario de los Cuetos y Castro, nacido en El Ferrol el 6 de marzo de 1795, en el seno de una familia de la Montaña, como hijo del entonces teniente de navío don Miguel de los Cuetos y Torres, y de su esposa la gallega doña Rosa de Castro Domínguez. Estos cónyuges y su prole eran residentes en Cádiz desde 1804.

Nobleza española del siglo XXI

Nobleza española del siglo XXI

Reflexionar sobre el presente o el futuro de la Nobleza española no deja de ser, en muy gran medida, un contrasentido; o mejor dicho casi un imposible, toda vez que en puridad ese colectivo ya no existe, al menos como fenómeno social o como hecho general de civilización. Para acometer, pues, ese intento, ciertamente habré de jugar, con la licencia de quienes me leen, con los conceptos.

Y por ello comenzaré por definirlos en la medida en que nos sea posible, ya que es que en este punto en el que se encuentra la mayor dificultad para salir airosamente del empeño. Seguidamente examinaré los no muy numerosos elementos o datos que nos permitan acercarnos al sujeto nobiliario, para concluir con una crítica del estado actual del mismo, crítica que confío no escandalice ni tampoco se tome por pesimista, a pesar de que ya antes de pasar adelante aviso al lector de que me he de colocar, voluntariamente, en la áspera e ingrata posición del abogado del diablo, que no otra cosa parece a algunos el querer decir las verdades en voz alta.

Nación Flamenca en Sevilla

Nación Flamenca en Sevilla

Los intensos intercambios comerciales -y por ende culturales- que hubo entre Castilla y Flandes a partir del último cuarto del siglo XV y durante todo el siglo XVI, produjeron también el establecimiento de numerosos mercaderes castellanos -de Segovia, de Medina del Campo, de Burgos, del País Vasco- a las grandes ciudades flamencas de Amberes y Brujas, pero también el de los mercaderes flamencos de dichos centros comerciales a las principales ciudades castellanas, en particular a Valladolid, a Madrid, a Sevilla y a Cádiz(1). Los castellanos se centraron allá, al principio, en el negocio del transporte y la venta de lanas, aunque pronto se introdujeron en otros ámbitos de negocio, atreviéndose incluso a entrar en el de las especias, y en el de los fletes y seguros marítimos.

Monarquía sus valores politicos

Monarquía sus valores politicos

Sorprende mucho la completa ausencia, hoy en día, de todo debate sobre la forma monárquica del Estado. Quiero decir de debate serio y constructivo, porque no puede llamarse debate a la constante campaña de ataques que, con bajísimo perfil de racionalidad y desde partidos de un sectarismo político notorio, viene sufriendo durante los últimos años la Corona. Y es que quizá hablar hoy sobre los valores de la Monarquía, en los albores del tercer milenio, es decir supuestamente en plena era del progreso y de la notable ausencia de principios políticos -aparte los espirituales y morales, materia siempre discutible-, pudiera parecer un ejercicio vano de vetustas teorías políticas o histórico-jurídicas.

Sin embargo, si prescindimos de otras teorías políticas aparentemente más en boga -pero tan vetustas o más que las monárquicas-, como lo son las republicanas, tanto de raíz liberal como de raíz marxista, y nos atenemos a la realidad, esta nos muestra de un modo palmario que la Monarquía española es un régimen en pleno vigor, y la Corona una institución política viva que goza del respeto y de la adhesión de una gran mayoría -aunque sea silenciosa- de los ciudadanos españoles.

Sólo por ello su estudio no solamente no será vano, sino más bien muy necesario, tanto en términos de politología como en términos histórico-jurídicos, y siempre desde el punto de vista de la actualidad española -no voy a entrar en lo que fue o significó la Monarquía ni en otras épocas de nuestra historia ni en otros países: doy por supuesto que el público conoce esas realidades-.