+34 915477031
Mercedes de armas nuevas en tiempos de Carlos I

Mercedes de armas nuevas en tiempos de Carlos I

La intervención o no de los oficiales de armas en las concesiones imperiales de armas nuevas -muy numerosas, tanto en sus dominios europeos como americanos- ha suscitado algunas dudas, debido a la ausencia de cualquier mención expresa en los documentos. El reciente hallazgo de una certificación dada en 1521 a un vasallo castellano por dos reyes de armas del Emperador ha venido a aclarar definitivamente la cuestión, en el sentido de confirmar la efectiva actuación de los oficiales de armas en el proceso de concesión de mercedes heráldicas.

Meléndez de Ayones en Segovia

Meléndez de Ayones en Segovia

Las montañas del Principado han sido, sin duda alguna, una de las principales cunas de la nobleza castellana y americana. Asiento y solar de ilustres linajes, de ellas han salido durante el último medio milenio muchos vástagos, movidos por el afán de la aventura o -en la mayoría de los casosforzados por la necesidad, causada por la imposibilidad de aquellas tierras para mantener a tantos de sus hijos. La mayor parte de aquellos foramontanos o indianos apenas nos ha dejado un recuerdo de su paso por el mundo; sin embargo, no son pocos los que, merced a su esfuerzo, lograron hacer girar la rueda de Fortuna y encumbrarse ellos y su prole durante generaciones, en los nuevos lugares en los que se asentaron.

Una de estas familias de hidalgos asturianos que, tras abandonar sus solares, alcanzó un lustre social muy notable es la que hoy me propongo estudiar brevemente, con especial atención a su genealogía: los Meléndez, apodados de Ayones por tener su casa solariega en aquel lugar, inmediato a la ciudad de Oviedo. Establecidos en Segovia durante la segunda mitad del siglo XVI, figuraron entre los principales hacedores de paños de aquella industriosa ciudad castellana, entonces el principal centro de fabricación de paños de todo el reino , y alcanzaron (1) una notable preeminencia entre la nobleza ciudadana, agrupada secularmente en la Real Junta de Nobles Linajes(2). Allí fundaron cuantiosos mayorazgo, tuvieron grandes casas, capillas y entierros, sirvieron regidurías perpetuas, y obtuvieron hábitos de las Órdenes Militares. Formaron, en fin, una familia muy distinguida, y son ascendencia común de los Marqueses de Monroy, Garcillán, Villa Alcázar, Villasante, Castellanos, Miranda de Ebro, Pezuela, Trives y Floresta; de los Condes de Mansilla, Val del Águila, Torre Velarde, Monterrón, Asmir, Florida y Morphy; de los Vizcondes de Hormaza, Ayala y Escoriaza, y de los Barones de Rada.

El archivo familiar era por cierto muy completo, y estaba compuesto de más de doscientos libros y legajos, entre ellos algunas ejecutorias miniadas de gran belleza. Toda esta riqueza documental se conservaba en 1936 en Madrid, en el hotel del Marqués de Miranda de Ebro, que por hallarse inmediato a la Ciudad Universitaria quedó durante la guerra civil en la misma línea del frente: en uno de tantos alardes del Gobierno frentepopulista en pro de la cultura y del respeto a lo ajeno, la casa fue incautada por el mando rojo, la plata sustraída personalmente por la conocida letrada Margarita Nelken, y los muebles, legajos y papeles sirvieron para calentar a los ateridos soldados republicanos durante el duro otoño de dicho año.

Marqueses de Casa Riera

Marqueses de Casa Riera

Hace ya varios años que vengo reuniendo, siquiera sea a salto de mata, algunas notas sobre la Casa de los Marqueses de Casa Riera, encabezada en 1833 por un hombre de negocios y financiero fernandino, y a la que perteneció por nacimiento la Reina Doña Fabiola de Bélgica. La ocasión de estas jornadas de estudios nobiliarios me ha movido a ordenarlas y -a pesar de que las encuentro incompletas-, darlas a la luz pública, por si fuesen útiles o meramente curiosas al lector interesado.

El Título de Marqués de Casa Riera fue creado por la Reina Gobernadora Doña María Cristina de Borbón, a nombre de su hija menor, la Reina niña Doña Isabel II, por su real decreto de 8 de diciembre de 1833 (real despacho de 24 de febrero de 1834), en la persona de don Tomás Felipe Riera y Roces (o Rosés), comerciante de grueso trato y banquero fernandino, tesorero de los Infantes Don Francisco de Paula y Doña Luisa Carlota (1826), senador vitalicio del Reino (1846-1868), intendente honorario de Marina, gentilhombre de cámara de Su Majestad (1845), caballero pensionista (1830) y gran cruz (1849) de la Real y Distinguida Orden Española de Carlos III, gran cruz de la Real y Americana Orden de Isabel Católica (1839), nacido en Barcelona (parroquia de Santa María del Mar) el 20 de diciembre de 17901.

Antes gozó el concesionario, conforme a la legislación vigente de un vizcondado previo: el Vizcondado de San Vicente. Probablemente tomó este nombre del lugar de San Vicente de Llavanera, cercano a Barcelona, donde poseía algunas propiedades.

Marqués de Fernando Poo

Marqués de Fernando Poo

El 21 de julio de 1847 se presentaba a S.M. la Reina Doña Isabel II, por medio del Ministerio de Gracia y Justicia, un escrito de don José Primo de Rivera y Ortiz de Pinedo, teniente general de la Armada y senador del Reino, en el que, tras alegar sus muchos méritos y servicios, pedía para sí y sus sucesores un Título de Castilla, con la denominación de Marqués de Fernando Poo, con el entonces preceptivo Vizcondado previo del Carenero de Cuba. El escrito iba firmado por don José María Juliá, apoderado del ilustre marino.

Consecuentemente, el ministro de Gracia y Justicia dio trámite a la instancia, abriendo expediente e instando con fecha de 19 de octubre a la sala de gobierno de la Audiencia de Sevilla que emplazase al interesado para que ante ella justificase documentalmente los méritos alegados, y también la posesión de rentas bastantes como para mantener la dignidad de un Título de Castilla -requisito que entonces estaba legalmente establecido-.

Linajes de Arévalo

Linajes de Arévalo

  1. Antecedentes

Los linajes, entendidos como bandos, es decir como grupos de poder cuyo fin primordial era el de organizar el reparto del poder municipal, fueron una de las instituciones políticas clave de las ciudades castellanas, o, más precisamente, de aquellas ciudades y villas situadas en la denominada Extremadura castellana, un territorio que se extiende entre el Duero y el Sistema Central, desde las comunidades cercanas a Soria, por la parte oriental, fronteras de Aragón y de Navarra; hasta las de Ciudad Rodrigo y Trujillo, en la raya de Portugal, por su extremo occidental, lindante ya con la Andalucía por el Sur. Es un vasto territorio que a lo largo de los siglos llegó a conformar su propia personalidad jurídica y política diferenciada del propiamente llamado entonces reino de Castilla, con instituciones tan propias como esta de los linajes, o también la de las Comunidades de Villa y Tierra. Los linajes florecieron al filo del año 1304, y perduraron durante cinco siglos, hasta el advenimiento del régimen constitucional.

En el ámbito geográfico de la actual provincia de Ávila, se documenta la existencia de tales linajes en la misma capital, Ávila, y también en la villa de Arévalo. Al estudio de los cincos linajes de Arévalo se dedican las páginas que siguen.

Legión Flamenca en guerra carlista

Legión Flamenca en guerra carlista

La presencia de extranjeros en los Reales Ejércitos es tan antigua como lo son estos(1), máxime en las fuerzas armadas de la que fue, durante los siglos XVI y XVII, la primera potencia europea -que entonces sería decir mundial-. El reclutamiento de soldados extranjeros fue entonces muy habitual, y es de notar que normalmente esos soldados formaban cuerpos homogéneos, es decir que se trataba de tercios y regimientos compuestos de miembros de una misma nación, como entonces se decía -y sin que este término tuviese apenas nada que ver con los supuestos nacionalistas, más propios del siglo XIX-. De ahí la denominación oficial de los mismos: Infantería Española, Infantería Italiana, Infantería Valona, Infantería Alemana, etcétera(2). Aparte, cualquier vasallo del Rey, cualquiera que fuese su origen territorial, bien podía alistarse en un tercio o regimiento que no correspondiese a su propia nación.

Labaña y la desviación de la aguja magnética

Labaña y la desviación de la aguja magnética

Creo recordar que fue en el otoño de 1984 cuando tuve la fortuna de encontrar, en el mar sin fondo de la colección Salazar y Castro, que hoy se conserva en la Real Academia de la Historia, un documento que me pareció sumamente interesante. Se trata de una relación formada por el innominado piloto que gobernó uno de los galeones que anualmente se dirigían desde Acapulco hasta Manila, en la cual aquel oficial fue anotando meticulosamente las coordenadas de su singladura, y las observaciones que periódicamente hizo de la desviación de la aguja. Porque, y esto fue lo que sin duda me llamó la atención, declaraba al principio que antes de partir fijó tres agujas de marear por el orden y secreto que me dio Luiz de Fonseca por mandado de Su Magestad.

Y toqué otra para que mostrase la longitud del este a oeste por sus reglas…, llevando dos instrumentos para el efeto dicho, quera de marcar el aguja y ver si era fixa y comparar la de la longitud para por su bariaçión conocella. Destinado yo entonces en el Estado Mayor de la Armada, y ocupando el mismo despacho en el Arma Aérea que el entonces capitán de fragata don Juan Génova Sotil, destacado investigador de las navegaciones españolas por el Pacífico, excuso decir que me faltó tiempo para comunicarle mi hallazgo, que desde luego juzgó de interés y aprovechó . Sin embargo, pasados ya tantos años, me ha parecido (1) oportuno darlo a conocer públicamente, como así lo hago, incluyendo una transcripción de ese documento y de otros atinentes al mismo asunto -precisamente los que dieron origen a aquellas pruebas y travesía- que he tenido la fortuna de hallar posteriormente(2)

Joseph van Driesten y la Toison d’Or

Joseph van Driesten y la Toison d’Or

Un propósito ya viejo

Entre los innumerables tesoros que conserva la Biblioteca Real madrileña, se cuenta un importante y bellísimo manuscrito titulado La Toison d’Or, obra de gran extensión y tamaño realizada entre 1894 y 1896, cuyas soberbias ilustraciones se deben a Joseph Emmanuel Van Driesten (y a su esposa Maria Van Parys), mientras que el texto es de Hippolyte-Charles Verly.

Hube de consultar con frecuencia este manuscrito cuando, allá por los años de 1996-1997, el llorado Marqués de Mondéjar, jefe de la Casa de S.M. el Rey, me encomendó dirigir la redacción de la historia de la Insigne Orden del Toisón de Oro, que fue publicada entonces por el Patrimonio Nacional, en un formato lujoso. La calidad artística del manuscrito me llamó enseguida la atención, y, tras comprobar que apenas nada se sabía de sus autores, me propuse -de acuerdo con otro de los coautores: Fernando Fernández-Miranda-, reunir cuantas noticias pudiera allegar sobre Van Driesten.

Jan IV de Glymes Marqués de Bergen op Zoom en Segovia

Jan IV de Glymes Marqués de Bergen op Zoom en Segovia

En 1567 murió en Segovia Jan IV de Glymes, Marqués de Bergen-op-Zoom y caballero del Toisón de Oro, presente en la ciudad para negociar la paz con los rebeldes flamencos. Fue sepultado en el presbiterio de la parroquial de Santa Columba (capilla del deán Juan López de Segovia), bajo una artística losa de bronce que perduró hasta 1823.

Ius honorum de los monarcas destronados

Ius honorum de los monarcas destronados

A lo largo de la historia occidental, no han sido pocos los monarcas que han sido destronados, y resulta que después de serlo muy pocos de ellos dejaron de otorgar honores a sus fieles. Recordemos, por ejemplo, cinco casos paradigmáticos de la Edad Moderna: el de las dinastías bizantinas -los Ángelos Comneno sobre todo- en los siglos XVI y XVII; el de los Estuardo británicos a partir de 1688; el del primer Carlos III de España (Emperador Carlos VI) entre 1714 y 1725; o el de los Borbones franceses tras la revolución y la emigración. Más modernas son las concesiones nobiliarias y caballerescas de los dinastas miguelistas portugueses (a partir de 1832), de los monarcas carlistas españoles (a partir de 1833), de los monarcas toscanos y napolitanos destronados por la Unificación italiana (en 1859-1861), de los sucesores de los Zares de todas las Rusias (a partir de 1917), del Rey de España destronado en 1931, y de los Saboya italianos (a partir de 1946).

El asunto, por demás atractivo e interesante, ha hecho correr ríos de tinta: pero, sin embargo, la confusión jurídica e institucional sigue siendo general. Y solamente dos de tantos autores, el egregio jurista italiano profesor Aldo Pezzana de Capranica del Grillo -en sus estudios Conferimento di onorificenze da parte dei c.d. Ordini cavallereschi indipendenti; e I Fontes Honorum nell’Europa odierna(1)-, y el profesor Augusto Sinagra -en su dictamen Le prerogative d’onore -la fons honoris- delle ex Case regnanti nel diritto internazionale(2)-,

Imprenta del Quijote y Sociedad Cervantina de Madrid

Imprenta del Quijote y Sociedad Cervantina de Madrid

Allá por los años 1952 y 1953 se reunía en el bar La Campana de la madrileña calle de Núñez de Arce, lindera a la plaza de Santa Ana, una tertulia nucleada por el erudito y cervantista Luis Astrana Marín. Había aparecido en 1953, editado por Reus, el quinto tomo de su monumental Vida ejemplar y heróica de Miguel de Cervantes.

De esta tertulia surgiría la idea de fundar una sociedad que tuviera como fin fomentar el conocimiento y difusión de la obra de Cervantes. Por ella pasaron los escritores Gregorio Marañón, Wenceslao Fernández Flores, Alberto Insúa, Lope de Haro; personajes como Walter Mangold, Starkie, Patricio González de Canales, el párroco de San Marcos don Ramón García García, el arquitecto Luis Cervera Vera -presidente que fue más tarde de la Académie Belgo-Espagnole d’Histoire– y, entre otros muchos, Juan Antonio Cabezas. Era Cabezas amigo de unos por escritor, de otros por  periodista, de algunos por asturiano y de todos por su talante liberal y nunca extremoso.

Heraldos y reyes de armas en España

Heraldos y reyes de armas en España

Se aborda en este libro un tema muy poco explotado, que nunca había sido expuesto como ahora, en conjunto para todos los reinos españoles y abarcando todas las etapas de su desarrollo histórico, desde la introducción aquí de los oficiales de armas hasta nuestros días. La escasa difusión del conocimiento de este asunto ha ocasionado a veces inexactitudes o desenfoques, por extrapolar indebidamente costumbres y situaciones fuera de las épocas y países donde realmente existieron. Un autor francés ha podido inventar así la presencia de heraldos en la batallas de las Navas de Tolosa.

Sin embargo, antes de mediar el siglo XIV, la institución de los oficiales de armas, habitual ya y arraigada en la Europa del Canal (norte de Francia, Inglaterra, Países Bajos, Renania), era absolutamente desconocida en esa otra Europa del sur a la que pertenecemos, tan diferente en su evolución histórica y, consecuentemente, en sus costumbres e instituciones. Este ámbito de la organización nobiliaria, de la caballería y de sus acompañamientos rituales y formales es probablemente uno de los que presentan diferencias más marcadas. Los estudios sobre temas de este campo se iniciaron en el espacio anglo-francés y se han basado tradicionalmente en sus modelos. Al no advertir esta limitación, ha podido parecer algunas veces que no existen otros y que lo ocurrido en diferentes regiones no fue sino una imitación tardía e imperfecta de aquéllos. Las extrapolaciones en el tiempo son tan peligrosas como en la geografía, guardémonos del grave riesgo de las homonimias, algunas veces interesadamente mantenidas para adueñarse de presigios anteriores: hacen suponer ingénuamente identidad de contenido bajo la continuidad de nombres e instituciones en el transcurso del tiempo.

Goossens en España

Goossens en España

La familia de Goossens es de origen flamenco, aunque se dice que procede de Picardie, en el norte de Francia, naturalizándose posteriormente una línea de sus descendientes en la España de finales del siglo XVII. Hay que tener en cuenta que desde el siglo XIV Bilbao mantenía unas fluidas relaciones comerciales con el condado de Flandes, y de hecho el Cartulario de Brujas,

publicado por Guilliots van Severen en 1350, ya nos aporta noticias de la presencia de naves vizcaínas en aquellos lares del mar del Norte. El Consulado de Bilbao llegó a tener casa abierta en Brujas, que era la ciudad con la que más relación tenía inicialmente, protagonismo que luego pasó a la de Amberes, sobre todo a lo largo del siglo XVI. Y de aquí será el primer Goossens, concretamente don Cornelio, que habiendo nacido en los Estados de Flandes el

día 25 de mayo de 1674, y siendo bautizado en la parroquia de San Andrés de Amberes, provincia de Brabante, se avecindó en la ciudad de Bilbao, donde incluso llegó a litigar su hidalguía en el año 1710, como podemos comprobar en su expediente, que se custodia en el Archivo Municipal de esa ciudad.

Genealogía en la frontera del 2000

Genealogía en la frontera del 2000

En el contexto de este feliz acontecimiento del Cincuentenario de la Academia Mallorquina de Estudios Genealógicos, Heráldicos e Históricos, decana de todos los centros hispanos dedicados a estas ciencias auxiliares de la Historia, me ha pedido su Presidente, querido y respetado profesor Dr.D. Román Piña, una reflexión acerca del estado actual y de la proyección que pudieran tener la Genealogía, esto es, los estudios genealógicos, en un inmediato futuro.

Me propongo, pues, ofrecer en la primera parte de mi disertación una visión panorámica de lo que hasta ahora han sido, en España, los estudios genealógicos, para luego, en una segunda parte, acercarme a los aspectos a mi juicio esenciales de su estado actual y de su prospectiva.

Antes de entrar en el tema, creo necesario hacer una consideración tan esencial como evidente a todos cuantos nos hemos acercado al tema: la Genealogía hispana ha consistido, hasta hoy, más que nada , en una técnica y en una ciencia auxiliar orientada y limitado al estudio de la Nobleza, que no ha prestado atención apenas a las restantes clases sociales.

La Nobleza española, durante el Antiguo Régimen, fue el dominante por excelencia de aquella sociedad estamental; dominación y preeminencia que, por la especial manera en que en España se llevó a cabo la transición al régimen liberal, se extendieron una buena parte de la época posterior, alcanzando casi los tiempos que transcurrieron entre las dos guerras mundiales.  La comprensión histórica de los periodos que hemos dado en llamar la Edad Moderna y la Edad Contemporánea es imposible, o sólo podría alcanzarse de una manera muy distorsionada, sin el conocimiento preciso del peso político y social, y del significado económico, de aquel estamento social que encabezaba a aquella sociedad.

Fernán Lopez de Saldaña contador mayor de Castilla

Fernán Lopez de Saldaña contador mayor de Castilla

Estudio biográfico de Fernán López de Saldaña (c.1400-1456), contador mayor del rey Don Juan II de Castilla entre los años 1429 y 1445, a través de su familia, su ascenso cortesano, sus alianzas matrimoniales y políticas, su fortuna y bienes, y por fin su caída, exilio y muerte. La figura del con­tador Saldaña es un ejemplo de los homines novi que durante la primera mitad del siglo XV, a través del ejercicio de la péñola y del conocimiento de los secretos cancillerescos y hacendísticos, lograron alcanzar la confianza de su soberano y con ella altos puestos en la corte y en la administración de los reinos. Unas trayectorias vitales que se personificaron, sobre todo, en tres contadores mayores de Don Juan II: Robles, Saldaña y Vivero.

Farautes y persevantes señoriales

Farautes y persevantes señoriales

Si bien los oficiales de armas al servicio de reyes y príncipes soberanos ha llamado dese antiguo la atención de los especialistas, no ha sido así respecto de aquellos que sirvieron a los Grandes del reino. En las páginas que siguen, los autores aclaran la cuestión, tanto desde el punto de vista de la doctrina coetánea sobre esta materia, como de los casos conocidos, ilustrando sus asertos con varios apéndices documentales de interés.